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jueves, 19 de abril de 2007

Stanley Jordan

Stanley Jordan interpreta "Jumpin' Jack" en la One night in Blue Note de Nueva York, en 1985.

En su libro “Les grands créateurs de jazz” (“Los grandes creadores del jazz”, edición española de J.C. Cifuentes. Ediciones del Prado, 1993.), los célebres críticos y miembros de la Academia del jazz francesa Gérald Arnaud y Jacques Chesnel escribían en 1989:

“Sólo el futuro dirá si este gran solista lleno de expresividad y concentración –recuerda mucho a Hendrix cuando éste tocaba blues- es sencillamente un artista original o, por el contrario, un revolucionario que nos abre toda un nueva era de la guitarra.”

A Stanley Jordan (Chicago, Illinois, 1959) hay que agradecerle que más de uno abandonara la música para consagrar su vida a un trabajo serio y formar una familia. En lo más notable de su discografía, los tres discos que grabó para la Blue Note en los años 1985 y 1986, cuestiona los límites del bop y sofistica hasta extremos insospechados el mal avenido crossover, merced a una técnica tan única como audaz: el touch o tapping.

Esta forma de tocar la guitarra eléctrica tan pianística, pisando las cuerdas en el mástil con ambas manos, cuenta con precursores como Jimmy Webster, Lenny Breau, Edward Van Halen o Emmett Chapman. Sin embargo, Jordan, quien comenzó estudiando piano en sus años mozos, la depura, la expande y, sobre todo, la pone al servicio de su creación sin dejar que la eclipse, permitiéndole desarrollar dos líneas melódicas distintas y una endiablada versatilidad.

Para los más animosos –o con una autoestima a prueba de bomba-, podéis encontrar una guía introductoria a esta, como dicen ahora los modernetes, "epustuflante" técnica aquí (en inglés).

Hoy, una mayoría de edad más tarde del artículo de Arnaud y Chesnel, Stanley Jordan parece haber abandonado definitivamente la pecera, las giras, ese afán tan ochentero por salir en películas -e imploremos al Cielo que haya hecho otro tanto con esos bizarros ropajes- por la música terapéutica. Quizás con sus discos de "Relaxing music for difficult situations" (suena a coña, pero no) pueda curar el "corazón partío" de la legión de extasiados productores de saliva de sus performances que ahora trabajan de ocho a dos en ventanilla antes de recoger a Vanessa María y Montgomery José a la salida de las monjas.